El
término capital humano surge en el siglo XVIII cuando teóricos de la economía
tales como Adam Smith plantearon la necesidad de detenerse no sólo en factores
de tipo técnicos si no también humanos a la hora de establecer las reglas de
buen funcionamiento de una empresa o de un sistema económico en
general. De tal modo, el capital humano apareció como uno de los elementos más
importantes a tener en cuenta ya que el mismo es el responsable de ejecutar las
tareas y habilidades propias de cada área económica. Así, mientras más valioso
sea el capital humano de una empresa (es decir, mientras mejor capacitado o
preparado esté para las tareas específicas que le toquen), mejores serán los
resultados de esa institución.
Es el valor económico
potencial de la mayor capacidad productiva de un individuo, o del conjunto de
la población activa de un país, que es fruto de unos mayores conocimientos
adquiridos en la escuela, la universidad o por experiencia. Son múltiples los
factores que inciden en la productividad de los individuos y que explican,
por tanto, sus diferencias de rentas o salario; unos congénitos, como la fuerza
física, la inteligencia, la habilidad, la tenacidad, etcétera, y otros
adquiridos con el esfuerzo personal o la influencia del medio
ambiente, como la formación, la sanidad, la familia, etcétera; está, en tercer
lugar, la mejor o peor suerte que uno pueda tener en la vida, un factor que
en ningún caso debe ser menospreciado.


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